Conversación soñada entre un periodista y un futbolista.

30.12.2017 22:35

La sección de "Cartas al Director" de Desde La Banda - Fútbol Navarro (DLB-FN) vuelve a recoger la opinión de Ángel Andrés Jiménez Bonillo, presidente de la asociación Deporte Sin Insultos y líder del proyecto Fútbol Ético. Esta es su reflexión:

Periodista - Enhorabuena por la victoria, Jacinto. 

Futbolista - Muchas gracias. 

P - La pena es que la conseguisteis por una acción inmoral. 

F - Bueno, noto que me empujan y el árbitro pitado y ganamos, que es lo importante. 

P - Según las imágenes, te tiras para engañar al árbitro, privar voluntariamente a tus rivales de un punto y que tu equipo logre dos que no le correspondían. ¿Qué te parece ese ejemplo para los muchos jóvenes que te consideran un referente? 

F - Bueno, lo importante es que el equipo ganó. 

P - Jacinto, tú tienes un hijo de dos años, ¿verdad? 

F - Sí. 

P - ¿Te gustaría que fuera un mentiroso? 

F - No, claro que no. 

P - Entonces, creo que deberías reconocer que lo que has hecho es un acto inmoral, y también deberías arrepentirte, condenar tu acción y luchar para que estas conductas antideportivas y de mala educación sean erradicadas del fútbol y de nuestra sociedad. 

F - Bueno, es que todos engañan para intentar ganar. 

P - ¿Y eso lo convierte en algo bueno? 

F - No, pero mi obligación es ayudar a que mi equipo gane. 

P - ¿De cualquier manera? ¿Vale todo con tal de ganar? 

F - Bueno, me voy. No voy a seguir con esta conversación. 

P - Señoras y señores, ya lo han visto y escuchado. Jacinto ha sido incapaz de reconocer y condenar su inmoralidad. Si seguimos permitiendo (a veces hasta aplaudiendo) las conductas antideportivas, estaremos maleducando a los jóvenes, ofreciéndoles como alternativas dignas comportamientos que son despreciables. 

Es nuestro deber ayudarles a rechazar lo malo y a alabar lo bueno. ¿No es eso educar? Por cierto, mis queridos lectores, en las horas siguientes a esta soñada y deseada entrevista, sería también de recibo escuchar la enérgica condena del presidente del club de Jacinto, pues se supone que está para velar por la imagen y el honor del club, y también serían de esperar las palabras de rechazo por los aficionados, a los que debería doler que se manchase la reputación del club de sus amores. Somos humanos y metemos la pata; está claro. Pero lo verdaderamente terrible y descorazonador es que tras ello no aparezcan la repulsa, el arrepentimiento y el deseo de rectificar, requisitos indispensables para avanzar tanto en lo individual como en lo social.