"¿Cuál debería ser el papel del árbitro?" Por Ángel Andrés Jiménez Bonillo.

14.01.2018 12:00
La sección de "Cartas al Director" de Desde La Banda - Fútbol Navarro (DLB-FN) vuelve a recoger la opinión de Ángel Andrés Jiménez Bonillo, presidente de la asociación Deporte Sin Insultos y líder del proyecto Fútbol Ético, que recientemente escribía una interesantes reflexión titulada "Conversación soñada entre un periodista y un futbolista". En esta ocasión, su reflexión trata de resolver la pregunta "¿Cuál debería ser el papel del árbitro?".
 
A mi juicio, el árbitro debería ser un colaborador de los equipos para intentar ayudar a hacer justicia en cuestiones en las que no pueden ponerse de acuerdo (sin querer quitarle su condición de juez, cronometrador y notario). Por tanto, para el 90% de las decisiones (quitando los fueras de juego) no tendría por qué intervenir.

A veces, ni con la imagen de las cámaras sabemos si el portero ha llegado a rozar la pelota antes de que esta salga. ¿Cómo va a saber el árbitro mejor que el meta si este la ha tocado o no? Antes de decidir cómo se reanuda el juego (si con saque de puerta o saque de esquina), habría que esperar la indicación del portero, que es el que mejor sabe lo que ha ocurrido. Y con un penalti debería pasar igual, la mayoría de las veces son los propios jugadores los que mejor saben lo que ha pasado. Luego, si ha sido penalti y el árbitro no lo ha visto (cosa que puede pasar muy fácilmente), el atacante se queja del árbitro, pero no de su adversario (es decir, su compañero de juego, no lo olvidemos), el cual, sabiendo la realidad de lo acaecido, no ha obrado honestamente para que el árbitro pudiera tomar la decisión más justa; no ha reconocido en el momento oportuno que la acción era merecedora de penalti.

Con los fueras de juego es diferente, pues los jugadores no pueden conocer la situación de todos ellos. En estos casos, es lógico que solo opinen el asistente y el árbitro (sobre todo el primero, claro). Y, si es un partido con ayuda tecnológica, se recurre a ella; y, si no (es decir, casi siempre), se respeta lo que decidan los árbitros y ya está. Todo esto que vengo diciendo no es más que el dictamen del sentido común aplicado a un juego entre personas educadas y que quieren regirse por los principios del respeto y la deportividad. El problema, esos principios están muy poco valorados. Pero, entonces, que nadie venga luego a criticar a los árbitros. Habrá que examinar nuestra falta de ética y, lo que es peor, el que nadie abra este debate públicamente, como dando por hecho que actuar con honestidad es de locos (¡bendita locura!), y, por tanto, que no se les debe exigir a los jugadores. Triste visión del ser humano.