"Puñaladas en el fútbol y puñaladas al fútbol" por Ángel Andrés Jiménez Bonillo.

02.04.2016 07:35

En Desde La Banda - Fútbol Navarro (DLB-FN) os queremos publicar otra nueva Carta al Director que nos envía Ángel Andrés Jiménez Bonillo, presidente de la Asociación Deporte Sin Insultos y con quién desde esta casa, colaboramos activamente de forma recíproca. La reflexión sobre la violencia en el fútbol que realiza esta vez el Sr. Jiménez la ha titulado "Puñaladas en el fútbol y puñaladas al fútbol", y dice lo siguiente:

Leo en el periódico que un jugador ha estado al borde de la muerte por las puñaladas recibidas por parte de un rival al término de su partido. Lógicamente, esto puede pasar en cualquier actividad humana, incluidas las deportivas, pero no en todas estas se trabaja por igual para evitarlo.

Los dirigentes del mundo del fútbol (y, en general, los que viven de él) no se implican en que sea referente de valores y respeto, de formación para los jóvenes. Se vive con la violencia, aceptándola de forma miserable. Los jugadores entre ellos se dicen de todo, al árbitro se le protesta como si no fuera nadie y los insultos desde las gradas son casi parte del juego. Digamos que todo está montado de forma que el violento no se siente arrinconado, al contrario de lo que ocurre en el tenis, por ejemplo.

Todo esto no deja de ser un conjunto de puñaladas dadas a la esencia de la deportividad y de la dignidad humana,  no iguales que las que recibió el citado futbolista hace unos días, pero también dañinas, también dolorosas, también hirientes.

Un ejemplo de puñalada es la de la falta de honestidad y la hipocresía. Jugadores que saben que la decisión tomada por el árbitro es errónea se callan y se aprovechan de ello. Luego, sus rivales se quejan en las ruedas de prensa, pero no del deshonor de los caraduras mentirosos de sus adversarios, sino del árbitro,  que lo único que ha hecho es cometer un error, lo cual es inevitable. Proceden así porque a la semana siguiente, en cuanto pueden, ellos hacen lo mismo y son otros los que se quejan. Pero nunca se ponen todos de acuerdo para actuar de forma honrosa. Lamentable.

Estas conductas son, a mi juicio, un terreno propicio para que los buenos periodistas (deportivos o no) hagan una crítica moral objetiva, es decir, condenen las actitudes despreciables y pregunten a los propios culpables si se sienten orgullosos de lo que han hecho.

El mundo se desangra a base de puñaladas (atentados –no solo en Europa, por cierto-, pobreza extrema mientras otros derrochan, enfermedades que podrían erradicarse, empleados que apenas tienen para comer mientras sus jefes ya no saben qué hacer con el dinero, políticos que se llevan lo que es de todos, violencia doméstica, drogas, etc.) y el único remedio está en la educación, en el triunfo de los valores; y en esta lucha todas las fuerzas suman: la familia, la escuela, el ejemplo de los grandes líderes… y – por qué no- el fútbol. ¿Acaso alguien conoce un reto mayor que este?