Reflexión sobre el balompié y la política.

07.11.2013 19:45

Durante las últimas semanas he visto a un jugador celebrando orgulloso un gol obtenido voluntariamente con la mano y afirmando después que lo importante eran los tres puntos (como el que celebra que ha robado o violado sin que lo pille la policía); a otro recriminándole a un adversario el haberse tirado para fingir un penalti, cuando en realidad lo había empujado; a otro dejándose caer en el área rival con el mayor descaro; etc.

Sin embargo, desgraciadamente, el debate sigue sin ser el correcto: se sigue dando mayor importancia al fallo de los árbitros (involuntario) que a la falta de honor de los futbolistas (completamente consciente y voluntaria). Esto, si se analiza de verdad, es muy preocupante. Por ejemplo: ¿por qué van a dejar de quedarse con nuestro dinero los políticos corruptos si todo vale por el beneficio propio, si no hay unos valores que están por encima de lo individual y que dan sentido a nuestra libertad y a la vida en sociedad?

Pero, ojo, no nos engañemos: los primeros que no quieren que la situación cambie son los dirigentes de la FIFA y de las federaciones nacionales. Si de verdad quisieran, las sanciones para los que engañan y traicionan los valores del deporte y de la vida en comunidad serían ejemplares (varios partidos sin jugar, por mentirosos e irrespetuosos).

Otros que tampoco quieren son los responsables de la información deportiva. Prefieren centrarse en si tal árbitro beneficia a tal o cual equipo y en si existen conspiraciones misteriosas para encumbrar a no sé qué clubes. Les gusta la polémica, no la verdad; el enfrentamiento, no la sanidad moral del deporte (aunque un deporte verdaderamente educador es de gran ayuda para la formación de los jóvenes; pero ¿a quién le importa eso?). Cuando un jugador finge, no le hacen - generalmente -preguntas incómodas como “¿sabe usted que ha utilizado artimañas lamentables para ganar este partido?” o “¿está usted orgulloso de la miserable forma que ha tenido de comportarse en el terreno de juego?”. Esto sí que ayudaría a recapacitar y sí que sería una defensa de los valores. Pero, bueno, quizá no hablen de estos temas porque estén demasiado ocupados con el nuevo peinado de tal o cual jugador (todo el mundo sabe la trascendencia que esto tiene a nivel deportivo y humano). En definitiva, la ética les importa bien poco.

Si el honor no tiene valor, yo insisto: por ejemplo, mientras no se les pille a los dirigentes políticos corruptos (véase que el adjetivo es especificativo, no explicativo, así que, por favor, no se sientan heridos aquellos que proceden de forma decente), es plausible que sigan quedándose con lo que es de todos y despilfarrando nuestro dinero. Aunque, dicho sea de paso, incluso cuando se les caza, las consecuencias son poco significativas (como pasa con los antideportivos, que simplemente se llevan una tarjeta amarilla). Cosas lamentables que ocurren.

Por cierto, y a modo de despedida: ¿alguien se imagina a Rafael Nadal diciéndole al juez de silla que la bola del rival ha botado fuera sabiendo él que lo ha hecho claramente dentro? La respuesta es evidente: NO (en mayúsculas, aunque no correspondan). Él sabe que el honor (para los deportistas, para los políticos y para el resto de los humanos) debe ser lo primero, y que el fin no justifica los medios.

Nota:respetado lector, si está de acuerdo con el contenido del escrito, páselo a otras personas. Quizá, entre todos, nos acerquemos a los cambios deseados (y no solo en el fútbol, claro). El primer paso es la reflexión.

REFLEXIONES REALIZADAS POR ÁNGEL ANDRÉS JIMÉNEZ BONILLO.

Presidente de la Asociación Deporte Sin Insultos.

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